LA INVASIÓN, UN PASADO IMBORRABLE

            La invasión, un pasado imborrable  

                                                                          Por Ricardo Arturo Ríos Torres.

                                                                                            

 Nuestra historia está hecha

                                                                                                  de esclavitud y libertad.  

                                                                                                    Manuel Orestes Nieto

 

    El suelo nativo ha sido hollado por imperios codiciosos y crueles, entre ellos  el hispano y el estadounidense.

   Los conquistadores españoles lucharon por más de 40 años para vencer la resistencia de indómitos guerreros. La heroicidad de Quibián, Urracá y París, como muchos otros, es leyenda. Igual la valentía de los cimarrones como Bayano y Felipillo.

              Panamá es un país intervenido por el Imperio de Wall Street desde el siglo XIX al presente. La agresión es psicológica, militar, económica y política.

              El Tratado Mallarino-Bidlack  de 1846  le otorga al Coloso del Norte el derecho de intervenir en el Istmo de Panamá. Colombia cede su soberanía incapaz de detener el ansia separatista del país canalero.

            La república panameña en la Constitución de 1904, en el artículo 136 repite ese abominable acto de sumisión a las águilas imperiales de Washington.

            Desde 1850 se dan más de 28 intervenciones armadas por los Estados Unidos en Panamá. Los imperios nunca  necesitan de excusas, tratados ni permisos para ocupar, en su expansión, el espacio vital de otros para satisfacer sus intereses.

             La invasión de 1989 fue un acto demencial y descomunal, la más violenta y criminal de las intervenciones estadounidenses en la patria de Victoriano Lorenzo. El imperio del dólar se desquitaba de lo acontecido en la gesta patriótica del 9 de enero de 1964. El mensaje era directo, aquí estamos, el paraguas del Pentágono  es permanente.

            La madrugada del 20 de diciembre, se desata un violento huracán de fuego homicida, un zumbido perverso  barre el Chorrillo. La noche se iluminó con soles de pólvora y metal, una lluvia de meteoritos infernales aterrorizan a una población indefensa, el infierno de Dante se hace real. El horror made in USA  con sus ríos de sangre inundan con trágica desolación una tierra de música y poesía.

            Lo grotesco y humillante es que Noriega, es el Frankenstein creado por la CIA. El golpe militar de 1968 tuvo su gestión en  el Departamento de Estado de los yankees. La cúpula militar de las Fuerzas de Defensa, los líderes del PRD de ese momento y la izquierda panameña avalaban una dictadura  pro norteamericana dirigida por un agente de la CIA, todos ellos sabían de la invasión. Nada hicieron para impedirla; era la crónica de una invasión anunciada con dos años de anticipación. Nada fue casual; por tanto todos son responsables de los miles de panameños asesinados, entre ellos la tropa y suboficiales abandonados por sus mandos superiores los cuales carecieron de decoro y dignidad; esos panameños fueron traicionados y llevados a un sacrificio infame.

         Noriega y su Estado Mayor, como  el PRD brazo político de ese régimen nefasto deben rendir cuentas, su culpabilidad es insoslayable.

        La elite dominante, sobre todo la que mantiene la mentalidad del protectorado de 1903 también alentó la invasión, tienen responsabilidad y también son culpables de esa masacre.

       San Miguelito y otros sectores como la base de Coco Solo y Amador ofrecieron una resistencia heroica y osada al ejército invasor. Mientras la alta oficialidad se entregaba dócilmente a sus amos de la CIA, capitanes, tenientes y tropa lucharon hasta morir, así lo reconoció el General Cisneros. Germán Torres, mayor jubilado, con muchos panameños se destaca en San Miguelito y en la batalla de Tinajitas. Noriega es protegido en la nunciatura, mientras muchos  panameños ofrecían sus vidas en aras de la Patria agredida.

         El saqueo fue programado por la cúpula militar, el asalto a los comercios y bancos era la venganza contra los empresarios que los adversaban. La acción fue ejecutada por personal asignado, entre ellos los batalloneros, fuerza de choque de Noriega. El saqueo era el juego macabro para distraer al populacho de los actos de agresión del ejército estadounidense. Aurelio Díaz, propietario de DIMAR narra en su libro Yeyo el inmigrante como salvó su negocio de las bandas delincuenciales que azotaron la ciudad en ese momento de angustia, dolor y lágrimas. Aurelio fue entrevistado en Tertulia Literaria el programa cerrado por Martinelli en Radio Panamá.

         Los 27 años de esa catástrofe humana obliga a realizar investigaciones objetivas y serias de ese acontecer, establecer sus antecedentes, causas y consecuencias.

        Las letras panameñas tienen el deber histórico de asediar a través de novelas, cuentos, poemas, dramas y ensayos el imaginario de lo sucedido. De lo contrario Cómala nos estará acechando, los fantasmas reclaman el sueño eterno.

        La Patria Sagrada lo demanda, ese pasado es imborrable.

  

Istmania, 20 de diciembre de 2016.

 

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Comentarios: 4
  • #1

    Rose Marie Tapia (jueves, 22 diciembre 2016 21:19)

    El tiempo no ha logrado borrar el horror del 20 de diciembre de 1989. Todos recordamos como si fuera ayer esa tragedia, provocada por la soberbia de un hombre ciego de poder y un país extranjero que no respetø las vidas de personas inocentes.

  • #2

    sextel (martes, 12 septiembre 2017 08:52)

    czółenkowy

  • #3

    seks telefon (lunes, 02 octubre 2017 05:49)

    regelacja

  • #4

    sex telefony (viernes, 20 octubre 2017 07:35)

    nieobstrzeliwujący